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lunes, 5 de julio de 2010

Catorce años después


Él es Iorio.

Bueno, la verdad es que así le dicen. Y creo que le queda bien.

Heavy. 

Tiene una banda de heavy metal. Sí, heavy metal. Esa música que nos reenvía directo a la adolescencia y que creímos no existía más, parece que existe y que él enseña el género. 

Eléctrico.

Así se auto-define. Y si lo vieran, entenderían por qué. Corre, va y viene, con su cuerpo largo y flaco tan flaco y sus pelos erizados y largos tan largos, que parece un personaje salido de uno de esos dibujitos animados que acaba de meter sus dedos en el enchufe y en un plano horizontal recibe una descarga que lo deja así.
  
Lo conozco.

Desde hace mucho. Cuando éramos chicos ya tocaba la guitarra. Y cada vez que lo mirabas, en el recreo del colegio, en la esquina del barrio, en un colectivo o tirados en el parque, su mano derecha agitaba una púa imaginaria a la altura de su cadera, mientras sus labios murmuraban algo inaudible que uno suponía era la letra de una canción.

lunes, 7 de junio de 2010

La duda


Hemeroteca de la Biblioteca del Congreso. Sábado, 18:05.

Suena la 2x4 a todo volumen. Suena toda la tarde.

El empleado que atiende (¿atiende?) tiene cara de pocos amigos. A nadie parece molestarle que la voz del locutor de radio colme el otrora silencioso lugar con sus graves de barítono.

Miro a mi alrededor. Un pibe ocupa toda una mesa dibujando un rostro de mujer sobre una cartulina. Tres estudiantes secundarios observan boquiabiertos a un cuarto que lee detenidamente una edición de La Nación y toma notas en su cuaderno. Una empleada del lugar hojea los diarios del día y aclara, a los gritos, que va a tardar poco porque ya leyó todos los títulos en Internet. Nadie le contesta. Un tipo de unos sesenta largos que parece recién salido de Los siete locos se arquea absorto sobre un ejemplar de La Opinión.

Parece que soy la única molesta de que Pascual Contursi se mezcle en la ya de por sí imposible lectura de Ámbito Financiero de los ‘90.

Resoplo.

martes, 28 de agosto de 2007

Un ángel del siglo XXI

Largas pestañas enmarcan sus grandes ojos azules que apuntan hacia el cielo de la Av. 9 de Julio. No hay horizonte destino de esa mirada. Parece flotar ajena al ruido y al tráfico de las dos de la tarde. Sus botitas de taco apenas tocan, a veces, el caliente asfalto. A centímetros del suelo, luce altiva su jean con retazos de cuero negro que asoma fruncido desde dentro de sus botas. Cinturón con tachas, que no resuelve lo grande del vaquero, y camperita al tono. Avanza suspendida y sonriente, gran mujercita que no dilapida miradas. Entrecierra sus pestañas y sigue, moviendo suavemente su cuello sobre la pasarela del paso cebra. El colorete brilla excesivo en sus mejillas. Sus cabellos, dos largas colas de ondas infinitas, añoran las trenzas de antaño. Y en su frente, rosa y plateado, como sus pulseras, como sus colgantes, como sus mejillas, la insignia. Emblema que se porta con orgullo. Nuevas tribus de la edad de la inocencia. Ensayos de aretes y labiales. La gran vincha cubre su frente y se enlaza en la nuca. Casi ángeles, dice. Divisa y destino. Brazos en alto, mamá y papá la arrastran, como pueden, hacia la calle Corrientes. Ella mira sin mirar, casi un ángel, y resplandece, entre el rímel de sus pestañas.

lunes, 20 de agosto de 2007

Barreras

Suena liberal. Se arregla, se peina, se viste a lo liberal. Habla, argumenta y vocifera dadivoso. Es más simple, sí o no, todo tiene que ser más simple, dice. Arreglamos o no arreglamos. Lejos re lejos o cerca muy cerca. Lleno o vacío. Blanco o tinto. Borracho o abstemio. Falopero o careta.

Ríe socarrón. Mira desde lejos, cual observador en su butaca itinerante por el mundo. Oye, registra, aprende. Logra conclusiones totalizadoras. Infla su pecho y exhala.

Y las vueltas.

No hay vueltas. Vas o venís. Te quedas o partís. Ganás o perdés. Hablás o callás. Arriesgás o te achicás. Ahora o probablemente nunca.

Las vueltas...

Las vueltas van por dentro. Y giran. Y yiran. Y van. Y vuelven. Y si no era… y si sí… y si hubiera… y si habría… y si estaba… y si…

La vida es más simple. Todo debería ser más simple.

Lo dice, lo oyen, asienten. Sonríe, orgulloso. Lo sabe. Posee la sabiduría y la sapiencia de quien ha vivido mucho. De quien ha caminado arduo, en busca de quien sabe qué. Si tan sólo lo supiera… si tan sólo supiera el por qué de tanto caminar… si… tan solo.

Si cruzar fuera tan sólo dar el paso, si el paso no estuviera barrado, si la barrera no viviera en él, si él no fuera él, acaso, sería todo más fácil.