domingo, 30 de mayo de 2010

Sueños de carnaval

                                                    Agarrate Catalina
 
Si he de morir,

que me muera de tanto vivir,

con la furia de la tempestad

incendiándome el alma

al partir.


Si he de partir

que me parta la vida
un amor

y transforme mis huesos en flor

en algún carnaval.

domingo, 23 de mayo de 2010

Postales del Bicentenario

“Viví el Bicentenario. Entrá en la historia.”
¿Cuál? ¿La que construye quien?


Buenos Aires se ve tan susceptible y tan despierta… que da gusto verla. Poder cruzar la avenida 9 de julio sin semáforos, aunque esquivando estructuras varias y gentes a montones. 200 años es mucho y no veo torta capaz de albergar tantas velitas. Pero veo familias y jóvenes y chicos y escalofríos y herederos de recuerdos.

***

40 años de rock nacional.

¿Por qué? Si Los Gatos nacieron en el ’67 y Almendra se separó en el ’70. ¿Será por la coquetería del rock? ¿o porque suena mejor cuarenta que cuarenta y tantos y al fin y al cabo no importa porque lo único que importa es festejar? ¿será que no sabemos cuantos años tiene pero igual nos empecinamos en contabilizar, anotar, registrar y enterrar? ¿o será el hermano menor del Bicentenario y por eso aprovechamos la fiestita del mayor?

“Rockeros eran los de antes”, escucho. Y hay algunos de los de antes. Hay que buscarlos. No paran de arengar, bailar y cantar todos lo temas, entre trago y trago de whisky. Y hay muchos de los de ahora, que se preguntan qué es eso que suena desde el escenario.

martes, 11 de mayo de 2010

Tu mirada


Me adora, me ahoga, me abrasa

Me bebe, me brota, me bifurca
Me cristaliza, me cosifica, me consume…

En ella soy, por ella vivo
En ella me pierdo, sonrío, olvido

Hasta que ya no soy, no siento, no respiro

Y aún con vida, te doy

(me doy)

Mis ojos, mi sangre
mi amor, mi dolor.


domingo, 18 de mayo de 2008

Impulsos


Que cercenamos, reprimimos, atesoramos.
Que nos desesperan, sobrepasan y sorprenden.
Que no aguantamos, presionan el estómago y duelen!
Que generan taquicardia, parálisis y temblores.
Que de a poco pasan, se alejan y adormecen…



Endormez!

C’est ça…

C’est fini.
 
Ahhh –suspiro-.

Pasó, ya pasó. 

Hoy tuve unos de esos. Domingo a la tarde. Tarde, domingo. El ciclo vicioso del ordenar/desordenar y el vino. La etiqueta del vino que recorté hace tanto (tanto?) para sacarlo de la mesada de los recuerdos al incinerador de los olvidos. Y ahí estaba, ahí abajo, tapadita, en desorden, sin cofre protector, detenidita en su camino al crematorio. ¿Y ahora? La duda, peluda y eterna. ¿La tiro? ¿Tesoro o basura? Ahora que la guardé tanto…

Y claro, es difícil escapar del propio envase.

Y así, sin más, con puntas mal cortadas, entre medio romperse y medio enreliquiarse, selló su destino. El cuadernito, aquel manuscrito que tengo por ahí y… acá está. Su precario anillado salta en pequeños pedazos al agarrarlo. Hacía mucho que no lo tenía en mis manos. Mucho? Cuánto? Palabras para ber deja entrever la traslúcida contratapa. Y la duda, peluda… Y el impulso y el pulso, que se acelera. Me dejo caer sobre la fría cerámica bajo la eléctrica luz del caer la tarde.

martes, 25 de marzo de 2008

Las familias postizas

Las de ellos, los otros. Las que duran lo que dura la relación. Las que a lo largo de todo ese tiempo ocupan tanto tiempo. Las que obligan a la corrección, a manifestar educación, sentarse derechos, moderar tonos, sonreír. Las que multiplican cumpleaños, condicionan fines de semana, compelen fechas y horarios. Las que son como la de uno, pero -a su vez- tan distintas a la de uno. Las que permiten replantearse la propia, invitan a mirar para adentro y valorar. Las que enseñan otras formas de vida, inspiran deseos y futuros anhelos.

Las otras, las familias temporales. Las que abren sus puertas y apuntan escrutadoras miradas. Las que nos evalúan, toman distancia y a veces abrasan. Las que de a poco comienzan a abrazarnos, tras la evaluación y la distancia. Las que se encariñan y nos imponen nuevos términos y ritos y navidades. Las que de a poco pierden sus delicadas maneras y se revelan tan reales. Las que también esconden gritos, nostalgias, cuernos y necedades. Las que bajan las cortinas y empuñan metales. Las que saben a incienso, a canela y a podrido.

lunes, 18 de febrero de 2008

Volver



Con más arrugas en la frente y el paso lánguido. Con la mochila pesada de recuerdos y los zapatos cubiertos de mugre. Con el cansancio acumulado y la sonrisa en los ojos. Con la mirada transformada y las ganas intactas. Con el camino a cuestas y las posibilidades vacilantes. Con la mezcla de alegría y melancolía que produce el saber que, siempre, hay que volver.

Paréntesis.

Tal vez fue un período entre paréntesis.
 
A veces sirven, como en la gramática, para aclarar las ideas. A veces, también, resultan excesivos, redundantes. De allí, prescindibles.

Supongo que depende del lector, aquel que remata el sentido.

lunes, 5 de noviembre de 2007

“¿Mesa para tres?”

De pronto su discurso cambió. “Vamos a almorzar”, dijo, y el vos y yo resultaba lógicamente implícito.

“Te pasamos a buscar”, aclaró más tarde por teléfono, y el plural quedó resonando como un vago eco lejano.

“Estamos saliendo para allá”, precisó cuando se hizo la hora acordada, y la sospecha de que éramos mucho más que dos se hizo evidente.

La lectura de No focalizo concentró toda mi atención y atenuó la desesperada espera, hasta que el celular sonó impaciente y mi estómago se estrujó en una sinapsis colectiva: “Llegamos. Te esperamos abajo”.

E inhalando profundo apagué la compu, agarré un abrigo, la cartera y salí. Mi paso lento se eternizaba mientras el ¿por qué yo me meto en estas cosas? retornaba sin sentido y sin respuesta.

¿Estarán esperando en la puerta?, pienso al abrir temerariamente el ascensor. Salgo decidida y… no.

Exhalo.

¿Y si no le caigo bien? ¿Si no le gusto? ¿Si grita al verme? Yo me voy. ¿Para qué? No tiene sentido. Si es lo mismo! Es-lo-mis-mo!

Avanzo. Nunca había reparado en lo largo que es el hall de mi edificio. Llego a la puerta y diviso la trompa del auto sobre la entrada del garage. Vamos, nena, que no es para tanto…

Cruzo la puerta, me asomo a la calle y la luz del sol resplandece por un instante sobre los cuatro ojos que se posan sobre mí. Son más claros de día. Los miro y ambos me regalan un abrazo de sonrisas, que se parecen tanto. ¿Tengo que saludar? ¿a quién primero? Titubeos como estos atacan mi cerebro en cuestión de segundos. Y lo paralizan.

Son tan lindos. Él es tan lindo. Y hay sol, y viento, y él se ríe entre minidientes por la ventana. Él maneja y me habla y le habla. Y él contesta y saluda y lo saludan. Y yo… yo, trato de deshacer el nudo estomacal que aún perdura.

“Ya está, viste?”, me dice.

“Y…”, suspiro.

Aún no.

Llegamos al restaurant y hay lista de espera.

“¿Los anoto? ¿Cuántos son?”, me pregunta el mozo.

“Do…”, balbuceo. Y enmudezco.

…………………………………………….

“¿Mesa para tres?”, inquiere birome en mano.

……………………………………………

Y ahí lo miro. A Él y a él y a mí. Y al mozo. Y a Él y a él y a mí. Y sí…

“Tres, por favor.”