domingo, 31 de octubre de 2010

El debut


Llegué temprano, para aflojar tensiones y nervios in situ. No quise comer ni tomar nada. Cargué sillas, corrí tablones, ordené mesas, apilé gradas, acomodé butacas. Trajeron un trapecio que nunca antes había usado y lo colgaron a una altura a la que nunca antes había estado. Todos coincidimos en que, a esa altura, no haríamos nuestros números. Lo bajaron un poco, muy poco. Mi profesor amenazó con tarima de madera debajo del trape. Logramos convencerlo con un lindo colchón blanco sobre la tarima.

Subí por una cuerda negra hasta la barra del trapecio. “Probalo”, insistió. Me colgué y empecé a temblar. Las vigas del galpón estaban a la altura de mis ojos. “No voy a poder, no voy a poder”, era lo único que pensaba. Intenté hacer algunos ejercicios, pese al temblequeo de mis piernas, agarrándome bien fuerte de las cuerdas. Terror. Eso sentía. Terror. Y muchos nervios. Y el circo aún estaba vacío.


***

Actitud.

Siempre admiré la actitud de otros, en una clara desvalorización de la mía. Supongo que lo hago con todo y con todos. A veces creo que es una suerte de motor. Eso de quiero más, más, siempre más y entonces voy por ello. Pero otras es un garrón. Porque ese “más siempre más” es inalcanzable y, aunque racionalmente lo entienda, me frustra horrores no poder alcanzarlo.

Pero hay una actitud mía que suelo pasar por alto y que valoraría de verla en cualquier otro. Esa de salir al escenario, enfrentar lo que venga, tropezar y volver a levantarme. Resiliencia, creo que le dicen. El caer y sobreponerme, tras el intenso dolor, con el doble de fuerza.

Si me lo cuentan, no creo que esa sea yo.

***

“Nada es insuficiente, algo es suficiente”

“Encontrar una parcialidad que te satisfaga”

“Hallar los Más y los Menos propios”

“Matar al gigante”

Frases, recolectadas al azar de múltiples sesiones de terapia, sobre un mal que me aqueja desde hace tanto. Buscar la perfección cueste lo que cueste. Lo que cueste. Si no, nada vale nada. Algo vale nada. Todo. O nada.

***

De negro y plateado, radiante, salí al escenario. Entre gritos y aplausos, sonreí. Subí al trape. Sonaba de fondo I'm bored out of my mind, too sick to even care… Fuerza, ese tema de Belle & Sebastian me da fuerza. Se encendieron los reflectores mientras yo hacía spagat bajo la barra. Una corva, estirando la otra, balanceo con las dos y arriba!

Fueron 4 minutos 20 segundos llenos de giros, aplausos, sonrisas y un grito de “vamos beeeer” que me catapultó hacia el aire. Y ahí estaba yo, la novata, la que nunca se cansa de aprender, haciendo por primera vez un número de trapecio en vivo, ante 400 o 500 personas, estirando puntas de pie, mirando al público, girando, haciendo juegos con los brazos, enredándome y desenredándome en las sogas, invirtiendo, recostándome sobre la barra, extendiéndome en paloma, colgándome de una mano…

***

No salió perfecto. Pero los halagos, palabras, elogios, abrazos, expresiones de sorpresa y comentarios de admiración, cuentan que salió muy bien. Que fue un show hermoso, que mis gestos expresaron mucho, que mis miradas y movimientos dijeron más de lo esperado, que es increíble lo que hago, que mi actitud es invalorable.

Me cuesta. Me cuesta horrores. Pero creo que siento un poco la magia. Esa magia de la que habla mi amiga Naty. Esa magia que tienen los que no son del montón. Y de a poco empiezo a disfrutarlo.       

3 comentarios:

solitariadisidente dijo...

Sos una grosa, me encanta tu blog!! Me encanta lo que escribís y cómo lo escribís!

Chamana dijo...

Gracias solitaria! por fin nos conocimos! jaja. Besos!

Andres Chichel dijo...

La fuerza en ti pequeña gigante desborda por todos lados por eso tal vez pienses que nada te alcanza o que es inalcanzable... no se puede beber un océano en pocos días, necesitas dejar que el océano te lleve donde te tiene que llevar y empaparte de él, aprende disfrutando el viaje es nuestro mejor emprendimiento de vida...