sábado, 2 de julio de 2011

Soltarse y caer



-Bueno, zafaste, eh?

Dijo el traumatólogo al despedirme de su consultorio. Las resonancias magnéticas habían dado como resultado un disco de columna cervical fuera de lugar y una fisura en el menisco interno de la rodilla derecha. Era el equivalente a “vida civil normal” y a una posible operación de rodilla si el menisco no se regeneraba con kinesiología.

Si esa era mi suerte, no sé cuál sería la de los civiles normales.

…  

Voy a encontrarme con mi suerte
Buscando lejos de todo lugar
Lejos de mí

…

domingo, 15 de mayo de 2011

El ex tan especial

Cuando te busco no estás
cuando te encuentro
te vas


20 de marzo, mediodía.
Mensaje de cumpleaños con un día de delay: Se q anduviste de cumpleaños. Por eso mismo, te mando un beso grande grande.
¿Cómo lo sabe? ¿Te vio? ¿Te cruzaste con algún amigo en común en el festejo que recordás tan mal?
No. Sólo quiere hacerse el que sabe. El que sabe que bailaste chacarera la noche anterior. Él, que sabe que no estaba ahí. El que sabe que pensaste en él. Él, que sabe que no sabe nada. El que sabe que un poco también estaba.
Él, que cree que el mundo gira a su alrededor. El que durante los últimos tres o cuatro años te saludó un día después de tu cumpleaños porque no es como todos los que te saludan el día de tu cumpleaños. Él es especial. Por eso sabe –cree saber- que merece un tratamiento especial. Un saludo especial. Un día especial en el que sea el único que te salude. No como el resto.
Pero se acordó en tu día. Porque vio esa luna de tamaño gigante que el cielo te regaló, tan cerca de la tierra, como no ocurría desde hacía 20 años. Y ahora te lee y dice que te siente bien, porque lo intuye, porque siempre fue tan intuitivo, aunque estés tan lejos… Y admitís que tiene razón, que estás bien, feliz, tan lejos. Preguntás cómo está él. Por cortesía, por educación. Porque también intuís cómo está. Puliendo detalles, contesta, sin exagerar, más tranquilo que antes.
Sin exagerar, te dice, igual que siempre.

jueves, 3 de marzo de 2011

2011


Un nuevo año. Lejos, viajando entre montañas. Cruzando nubes, desiertos, salares, lagunas, ruinas. Conociendo gente, historias, costumbres, idiomas, sabores. Creciendo. Viajar para encontrar y encontrarse. Un día, una mañana, siempre. No dejar nunca de tener alma viajera. Esa mirada curiosa y las ganas de descubrirlo todo. Aunque la tierra debajo de los pies no se mueva. Y volver porque siempre hay que volver. Una noche, una tarde cualquiera.  
    

viernes, 31 de diciembre de 2010

Las 10 mejores casi historias de 2010

Tras una difícil selección, resultaron ganadoras (?) las 10 mejores casi historias de este 2010 que se va. Algunas son comienzos prometedores, otras parecen deja-vus, varias tienen más de imaginación que de realidad, ciertas guardan tanta realidad que es necesario ficcionalizarlas, otras cavan su tumba apenas salen a la luz, de vez en cuando alguna renace de sus cenizas. Todas juntas me llevan a decir…

Chau querido 2010!!!!


jueves, 30 de diciembre de 2010

1. El casado que se hace el gato

Resulta que él tiene mucho en común con vos: laburo, ideas, gustos, onda, viajes. Resulta que de todas formas podrían no cruzarse jamás y seguir viviendo sus vidas como si nada. Pero resulta que siempre encuentran una buena excusa para verse. Y si no la encuentran, la casualidad los choca en medio de la calle. Día de semana cualquiera, tres de la tarde, septiembre, pleno centro porteño. Salís divertida de una feria americana en la búsqueda urgente de un cajero automático para pagar todas las boludeces que elegiste. Absorta en tu nube consumista, alguien te llama por tu apodo y de pronto lo ves, ahí, en medio de la calle, brazos extendidos para un abrazo, sonrisa en los ojos. Te invita a tomar algo. Le contás acerca de tu urgencia monetaria y te acompaña a recorrer cajeros. Pasan por seis o siete pero todos se encuentran fuera de servicio. Te presta el dinero para comprar la ridícula ropa que separaste, mientras vos rogás que la vendedora la tenga guardada en una bolsa opaca para que él no la vea. Después se sientan en un bar. Es tu cuarto café del día, pero sabés que podría ser el décimo sólo por un rato charlando con él. Se actualizan acerca de las novedades, la vida, las vacaciones pasadas y por venir, el presente político del país, la producción académica, tus vuelos de trapecista. Pasan las horas sin que te des cuenta. Y podrían pasar muchas más sumergidos en esas miradas que dicen tanto y tan poco. Se hace tarde y deciden partir. Dicen que intentarán ayudar a la suerte para volver a encontrarse antes de fin de año. En el fondo no lo creés, pero nadie te saca la sonrisa de la cara esa tarde. Unos días antes de navidad, te escribe inesperadamente para preguntarte si estás en tu casa. Estás. Y él pasa a visitarte.    

miércoles, 29 de diciembre de 2010

2. El anti-príncipe de Azul

Tiene apellido notable. Si hubiera un destino, aunque te cueste admitirlo, sabés que esta era una versión posible. Reapareció en 2010. Tan inesperadamente como su anterior desaparición. Tan como si nada hubiera pasado. Así que retomaron la conversación en el punto exacto donde la habían dejado meses atrás. Nadie cuestionó nada. Otra vez mails. Otra vez música. Otra vez cine. Otra vez política. Decidieron reencontrarse la noche antes de la muerte de Kirchner. Fue una casi historia muy cinéfila. Empezaron viendo las raras y terminaron con las anormales. Se volvieron a ver la noche antes de la muerte de Massera. Se creyeron sujetos de la historia. Se imaginaron causantes de sucesos trascendentes. Temiendo lo peor, se alejaron.

martes, 28 de diciembre de 2010

3. La mente que baila tango

Se conocieron alguna vez, allá lejos y hace tiempo, pero no se recordaban. Sabías que era una especie de mente brillante dedicada a la ingeniería y que vivía en el sur, pero no mucho más. Por alguna de todas esas vueltas del azar, ahora baila tango en el mismo ballet que tu amiga y vive en BA. Ella te dice que es del palo, porque estudió una carrera nadaquever como ustedes y descubrió de grande el placer que produce bailar. Fueron a una peña y le enseñaste sus primeros pasos en el folklore. Dijo que la recordaría como la primera zamba de su vida. Le contaste que te emocionan las parejas de setenta y tantos, que siguen llenando las pistas con su paso cándido y tradicional, que se arreglan con camisas -ellos- y zapatos de taco bajo –ellas-, y beben un vino o un agua mineral. Le confesaste que eso es todo lo que querés para vos cuando seas vieja. Te miró a los ojos y aseguró que seguirían bailando en peñas cuando llegaran a los setenta y tantos.